Cuando lo peor sucede


Una de las historias que me gusta contar es la del venerable Maestro Hsu Yun. Era el patriarca de los cinco linajes del Budismo en China y era altamente estimado y respetado. Y a pesar de que las sectas siempre tienden a argumentar entre sí todas deseaban unánimemente que Hsu Yu fuera la cabeza del Budismo en China.

Cuando la China comunista tomo el control estos trataban de deshacerse de la religión y Hsu Yun se convirtió en el objetivo más obvio. La armada China ataco su monasterio cuando este tenía 110 años de edad. Lo golpearon con garrotes de madera hasta dejarlo todo ensangrentado y lo dieron por muerto. A pesar de tener varios huesos rotos y órganos heridos, se recuperó. La noticia de su recuperación se esparció por toda el área así que la armada roja regreso nuevamente pero esta vez con barras de acero y lo golpearon hasta dejarlo destrozado. Este frágil anciano estaba seriamente herido y sin embargo no murió.

Maestro Hsu Yu

Maestro Hsu Yu

Sus discípulos que estaban cuidando de él ayudando a curar sus profundas y serias heridas estaban impresionados de como aún seguía con vida. Definitivamente este tenía poderes meditativos y los discípulos estaban convencidos de que este se mantenía con vida debido a ellos; creían que su maestro entendía que si moría en esta condición generaría una gran pena a todos ellos que eran sus devotos. Por lo tanto ellos le imploraron: “Por favor, no sostengas tu vida simplemente por nuestro bien, estamos conmovidos de que hayas resistido por semanas y semanas de dolor y miseria debido a no desear que la pena nos invada. Pero si considera que es tiempo de morir, preferimos que se deje ir en paz a que soporte toda esta agonía”. Y Hsu Yun les dijo “Lo que estoy haciendo no es por ustedes. Es cierto que me estoy sujetando a la vida, pero no es por el bien de ustedes sino por el bien de los soldados. Si muriera a causa de sus golpes la retribución kármica de aquellos que me atacaron sería demasiado colosal, no puedo soportar ser responsable de ello.” Luego de esto, la armada dejo al maestro tranquilo. El sobrevivió y volvió a enseñar en retiros nuevamente. Murió cuando tenía 120; este había realizado un voto de ser monje por 100 años.

Esto nos enseña que no caer en la aversión ante cualquier situación es de hecho posible.
Otra historia de relevancia es de uno de nuestros monjes que estaba en peregrinaje en la India. Junto con un laico estaban viajando por toda la India por seis meses, viviendo principalmente de la limosna de comida. Algunas zonas de la India eran muy peligrosas y muchas de las personas le decían que fueran cuidadosos ya que había bandidos y podían asaltarlos. Caminaron por esas zonas a pesar de las advertencias pensando “oh no, no a nosotros que andamos en un peregrinaje, nada puede tocarnos.” Estos realizaban canticos de protección y había recibido la bendición de varios maestros antes de partir. Ya habían cruzado por varias lugares de peligro sin tener ningún tipo de eventualidad y se estaban poniendo un poco arrogantes: “Oye, nos está yendo bastante bien aquí”.

Antes de partir a la India el Maestro Hua estuvo visitando el monasterio del monje, en una ocasión estaba dando una charla informal a todo el grupo, así que el monje decidió realizar una pregunta. El Maestro Hua que no sabía que el monje estaría de peregrinaje en la India le respondió diciéndole “Cuando prácticas en el lugar del Buda, no encontraras falta alguna con nadie por ningún motivo”. Por tanto, cuando se fue a la India el monje lo tomo como una especie de mantra y lo asimilo en su conciencia.

El monje y su acompañante laico estaban cruzando a través de la zona rural entre Nalanda y Raigir; se encontraron con un grupo de hombres de apariencia sospechosa que habían estado cortando árboles en el bosque. Todos tenían hachas y se encontraban en un área solitaria, este grupo inmediatamente los rodearon y querían tomar todas sus cosas. El laico que estaba con el monje, tratando de protegerlo, inicio una disputa con aquellos hombres, en un forcejeo el laico salió corriendo y dos de los asaltantes lo persiguieron dejando al monje solo con cuatro de ellos. Era obvio que estaban pensando en matarlo debido a que el monje hablaba un poquito de Hindi y podía entender lo que estaban diciendo, además uno de los bandidos tenía el hacha en posición para atacar por encima de su cabeza. La situación era bastante ambigua.

De repente un pensamiento surgió en su cabeza, “Cuando prácticas en el lugar del Buda, no encontraras falta alguna con nadie por ningún motivo”, este pensó “Si esto es lo que está sucediendo, no puedo escapar, no voy a pelear con estas personas, y si lo hiciera, ellos ganarían de todas formas. Así que simplemente me entregare a ellos”. Inclino su cabeza, poniendo sus manos juntas, empezó a recitar “Namo Tassa…” y esperó tranquilamente por que el hacha cayera sobre él pero nada sucedió. Miró hacia arriba y vio al hombre sujetando el hacha sobre su cabeza pero no podía dejarla caer.

Resulta que los bandidos tomaron todas sus cosas, dejaron al monje con su hábito interior y sus sandalias, se llevaron todo lo demás. Sin embargo, el monje no recibió ni un solo rasguño, el laico que decidió pelear con los atacantes quedo con algunos moretones y cortaduras provocadas por las espinas de los arbustos y por caer mientras escapaba,. Más adelante mientras conversaban sobre lo que había pasado el monje se dio cuenta de que si hubiese muerto, lo hubiera hecho con su mente enfocada en las tres joyas, por otro lado el laico se dio cuenta de que en su caso hubiera muerto con la mente de un animal que es cazado.

Estas son imágenes deliberadamente dramáticas, sin embargo caracterizan una cualidad muy preciada de forma muy clara; estas historias nos alientan a mirar hacia aquello que nos es más espelúznate o desagradable. Cuando el hombre con el hacha nos amenaza podemos mirar hacia aquello y decir “por favor, estoy listo.” A pesar de que internamente experimentemos esas sensaciones intensas de miedo y ansiedad o de nostalgia y anhelo, es el acto de mirar hacia estas directamente y aceptarlas como lo que son es lo que permite al corazón liberarse. La verdadera sabiduría, depende en parte en tal aceptación indiscriminada de lo que es bello o es feo por igual. Cuando dejamos de correr de aquellas cosas aparentemente dolorosas, insoportables, y nos comprometemos con el gesto de aceptación, acontece una transformación mágica. Transformamos la tan llamada dificultad y nos movemos completamente a un estado distinto.

Cuando miramos en retrospectiva a una situación en la que alguien vino a nosotros invadido de ira y recibimos esa energía sin reaccionar a ella, influimos en la transformación de esa energía. O si nos volcamos negativamente hacia alguien y esta persona simplemente nos dice gentilmente “oh, estas teniendo un mal día, ¿cierto?” todo vuelve directamente a nosotros y reconocemos “oh cierto, disculpa”. La intensidad es transformada por la pureza de la reacción. Así cuando estamos enfrentando nuestra propia vida emocional, esa misma apertura y recepción clara (hacia nosotros mismos) es el medio para transmutar nuestro estado emocional. No lo suprime, la energía cambia a algo que ilumina la mente- el calor es transformado en luz.

Por cierto, luego del evento del monje y el laico que fueron asaltados, a los tres días de ocurrido, no solamente todas sus cosas fueron sustituidas sino que muchas de ellas eran aún mejor de lo que tenian anteriormente.

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