1. El maestro y el discipulo: Las Cuatro Nobles Verdades


El maestro y el discipulo

 

En una tarde despejada, rodeados por un gran escenario de arboles frondosos e imponentes, el sonido del agua de un riachuelo contiguo y el canto armónico de los pájaros creaban una atmosfera de reflexión. Estaban sentados cada uno en una gran roca con las piernas cruzadas, y conversaban, el maestro y su discípulo:

Discípulo: -Maestro, que triste puede llegar a ser la vida a veces, que nos hace malas jugadas, estoy sufriendo pues ésta me ha tratado en forma desdichada. Teníamos ella y yo algo bueno, y ya hoy ha terminado, y así otras felicidades luego de un tiempo se van y nos abandonan. ¿Por qué son así las cosas? – dijo el discípulo con el rostro congojado

Maestro: -Mi querido estudiante, todas las cosas compuestas tienen su fin. Surgen y luego se desvanecen, en esta forma transcurren todos los fenómenos que son compuestos; y en esta forma, mi querido, el hombre y la mujer (como todos los seres sintientes) se encuentran unidos al sufrimiento y esta es parte de la naturaleza de la vida. –dijo el maestro con mirada compasiva.

D: -Mi estimado maestro, ¿y a que de debe esto?, ¿a que se debe que el surgir y el desvanecer de las cosas que son compuestas nos unan al sufrimiento?

M: – Como todo lo que posee una causa; así en esta forma el sufrimiento posee sus causas. Dada la naturaleza perecedera de las cosas que son compuestas, que surgen y se desvanecen, sujetas al cambio. Dada esta naturaleza, el hombre y la mujer que se apegan a estas, por medios del deseo de las mismas, el deseo del placer de los sentidos, la pasión y la asimilación con estas, es la causa del sufrimiento. En la misma forma, la aversión, el deseo de desvincularse de las cosas que no son placenteras, también es causa del sufrimiento. Puesto que lo que es objeto de nuestro deseo o nuestra aversión, surgirá y en esta misma medida se desvanecerá, y puesto que no podemos controlarlo ni evitarlo, al estar apegados a ellos, nos encontramos invariablemente unidos a su encuentro, separación y a su pérdida, por ende sufrimos.

D: -¿No existe entonces, mi estimado maestro, forma alguna de evitar el sufrimiento?

M: -La verdad es, mí querido, que dada la causa a nuestra enfermedad, dada también la cura. El cese del sufrimiento es posible. Es la extinción y cesación de ese mismo deseo, su descarte y su no dependencia. Es también la cesación de nuestra aversión y nuestro deseo por no existir

D: -Qué difícil mi maestro, ¿y cómo podemos no desear lo que en apariencia es bueno para nosotros y ocupa nuestras mentes en forma constante? Me cuesta concebirlo.

M: -Mi querido estudiante, esto se logra por medio de la correcta visión y correcta intención, elementos de la sabiduría, por medio del correcto hablar, correcto actuar y correcto medio de vida, elementos del cuerpo y la conducta ética, y por medio del correcto esfuerzo, correcta atención y correcta concentración, elementos de la meditación o entrenamiento de la mente. Esto es, mi querido estudiante, el óctuple sendero.

D: -¿Y en qué consisten cada una de estas?, ¿a qué se refiere lo correcto?

M: -La correcta visión, es el recto entendimiento. El recto entendimiento es aquél que posee una visón clara de las cosas y las ve tal cual y como son, sin dejarse empañar por las emociones aflictivas, ecuánime y objetivo, sabe apreciar la verdad fundamental y conoce la ley de la causalidad, comprende la no-permanencia, es empático y universal. Es aquél con estas cualidades quien posee una correcta visión que es el recto entendimiento.
La correcta intención, es el recto pensamiento. El recto pensamiento es aquel que es generoso y bondadoso, bien intencionado, que no cultiva dentro de sí ideas dañinas, no es violento ni lascivo, sin malevolencia. Es aquel con estas cualidades quien posee una correcta intención que es el recto pensamiento.

El correcto hablar, son las rectas palabras. Las rectas palabras son aquellas que son benévolas y amistosas, apacibles y hablan verdad, significativas y útiles, que se abstienen del engaño y no son perniciosa s, no difaman, no calumnian o dañan a otros, no son agresivas ni prosaicas, ni se prestan al chisme. Es aquél con palabras como estas quien posee un correcto hablar que son las rectas palabras.

El correcto actuar, es la recta acción. La recta acción es aquella que se abstiene de tomar una vida o dañar a otros seres, así como se abstiene de tomar lo que no ha sido dado y no comete conductas sensuales inapropiadas o dañinas; más ayuda sin embargo en una forma u otra a que él y otros se liberen total o parcialmente de su sufrimiento, profundo o superficial. Es aquel con estas cualidades quien posee un correcto actuar que es la recta acción.

El correcto medio de vida, es el recto medio de vida. El recto medio de vida es aquel que es inofensivo y evita cualquier oficio o profesión que pueda resultar nocivo para los demás seres o pueda llegar a ser deshonesto. Es aquel quien se sustenta mediante esta forma de vida quien posee un correcto medio de vida que es el recto medio de vida.

El correcto esfuerzo, es el recto esfuerzo. El recto esfuerzo es aquel que impide que surjan malos pensamientos, ejerciendo su intencionalidad de que el mal no surja, antes de que estas cualidades insanas surjan; es aquel que aparta los malos pensamientos ya surgidos, disipando lo insano ya surgido y ejerciendo su intencionalidad de que el mal sea abandonado, después de que alguna cualidad insana como esta ya haya aparecido; es aquel que cultiva los buenos pensamientos aún no surgidos, ejerciendo su intencionalidad de que el bien surja; es aquel que mantiene los buenos pensamientos ya surgidos, ejerciendo su intencionalidad de que el bien se mantenga. Es aquel quien se esfuerce en esta manera quien posee un correcto esfuerzo que es el recto esfuerzo.

La correcta atención, es la recta atención. La recta atención es aquella que contempla con diligencia y consciencia al cuerpo, contempla con diligencia y consciencia su entorno interior, las sensaciones y emociones, contempla con diligencia y consciencia su mente y sus actividades, contempla con diligencia y consciencia sus pensamientos. Es aquel quien se maneja en esta forma que posee una correcta atención que es la recta atención.

La correcta concentración, es la recta concentración. La recta concentración es aquella que conduce a los cuatro niveles de absorción; el primer jhana, el segundo jhana, el tercer jhana y el cuarto jhana.

En esto, mi querido estudiante, consiste el óctuple sendero

D: Gracias venerable. Sus palabras me han servido de inspiración.

Ryokan

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