Nihon ryōiki, Volumen 1, Tale 35 (Leyenda Budista Japonesa)


Sobre una Monja Quien Pintó la Imagen de Buda en Gratitud por los Cuatro Tipos de Bendiciones y Experimentó un Suceso de Clarividencia

 

En una aldea de Yuge, en el distrito de Wakae, provincia de Kawachi, vivía una monja novicia muy disciplinada. Su nombre es desconocido. Ella vivió en un templo en una montaña de Heguri, y, organizando una asociación de devotos, pintó una imagen de Buda con la imagen de las seis existencias con el objetivo de dar gracias por los cuatro tipos de bendiciones. Cuando hubo de completarla, fue consagrada en el templo luego de una ceremonia de dedicación.

Luego ella dejó el templo, haciendo recados de un lugar a otro. Durante ese tiempo la pintura fue hurtada, y ella la busco en vano, llorando penosamente. Aún dirigiendo la organización de devotos, quiso liberar seres vivientes (hojo), y los miembros fueron a Naniwa a visitar el mercado. Cuando vieron una canasta en un árbol, en la cual escucharon a varios animales gemir dentro de ella. Esperaron a que regresara el dueño de la canasta , ya que pensaron que debía tener animales dentro y querían comprarla para luego liberarlos. Mientras, el dueño regresó. Cuando le dijeron, “escuchamos algunos animales dentro de su canasta, y estuvimos esperándolo para comprárselos”, y el dueño dijo, “No, no hay nada con vida dentro”. Sin embargo, la monja no desistió. Ella continuó insistiéndole hasta que los mercantes alrededor le dijeron al dueño, “deberías de abrir la canasta”. El dueño se asustó, y salió corriendo, dejando la canasta. Cuando la abrieron descubrieron dentro la imagen robada. En lagrimas de alegría los devotos lloraron, “Desde que perdimos esta imagen, hemos estado deseándola día y noche. Ahora, por casualidad, la hemos encontrado, ¡que felicidad!”. Cuando los mercantes escucharon esto, se reunieron y elogiaron la perseverancia de la monja.

Gozosamente la monja y los demás liberaron seres vivientes, llevaron a cabo servicios de conmemoración, y reconsagraron la imagen en su templo original, donde se mantuvo como un objeto de devoción para ambos, clérigo y laicado. Esto es sin lugar a dudas un evento milagroso.”

Nihon Ryoiki

Manuscrito del Nihon Ryoiki

Fuente: Motomochi Nakamura, Kyoko; “Miraculous Stories from the Japanese Buddhist Tradition: The Nihon ryōiki of the Monk Kyōkai”, Harvard-Yenching Institute (1973)

Podemos ver una vez más en este relato la puesta en practica del hojo, que como habíamos mencionado era una practica muy común entre los devotos, y encontramos un suceso que fácilmente pasaría por verosímil. Se percibe como algo que bien se pudiese escuchar en cualquier tiempo o cultura, dentro de sus ambigüedades, fluctuando entre la simple casualidad, para los más escépticos, y el milagro, para los más creyentes.


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